El sector de la construcción constituye uno de los principales pilares de la economía francesa. En 2024, representó más de 208.000 millones de euros de facturación, según la Fédération Française du Bâtiment, impulsado por proyectos de infraestructuras, desarrollo urbano y construcción industrial cada vez más ambiciosos.
Sin embargo, esta dinámica viene acompañada de una profunda transformación de los entornos de trabajo. Las obras son cada vez más extensas y técnicas, e implican a un número creciente de profesionales. A menudo situadas en zonas aisladas o de difícil acceso, concentran equipos y materiales de gran valor y exponen a las empresas a riesgos cada vez mayores.
En este contexto, la protección de las obras y de los emplazamientos aislados ya no puede considerarse una simple cuestión operativa. Se convierte en un reto estratégico, situado en el centro del rendimiento global de los proyectos.